jueves, 18 de septiembre de 2014

Actividad.


Actividad.

El presente escrito fue desarrollado en base a una de las tantas ideas que guarda la obra Después de la fotografía de Fred Ritchin.

Hemos entrado al mundo digital, un sitio, que sin duda alguna no podemos escapar por su carácter revolucionario. Si pensar en revolución fotográfica, es pensar bajo pretensión de cambio, también lo podríamos hacer con las miras de la evolución, es decir: la premisa de transformación acumulativa, y no tanto con la de progreso, debido a que cada objeto fue diseñado en su momento con la mejor completud que se disponía.

Entender la fotografía como un abanico de posibilidades, es dar cuenta de su diversidad y no de un acto general que tienda a empobrecerla. El aseguramiento fotográfico en el devenir histórico del ser humano solo pudo ser concretado al haber transitado las vías del cambio, debido a que todo elemento que no se adecue o trasforme a partir de la acumulación, tendera a desaparecer. De lo mecánico a lo digital -en fotografía- es caminar a manera de analogía, del fenotipo al genotipo, es decir: ir mas allá de lo tangible, de la aprehensión de imágenes con sus esencias y sujetos, es poder adentrarnos en lo que no es visible y puede ser modificable.    

El adentramiento a la estructura interna de la fotografía en la era digital, ha replanteado nuestra cosmovisión del mundo a partir una representación de lo real, no obstante, a transfigurado esa cosmovisión, ya que, la alteración de la estructura de cierta fotografía permite crear imágenes de un hecho que probablemente jamás existió. Es una manipulación, reconfiguración o referencia, elaborada para que el consumidor la reciba a manera que más le plazca.

Ritchin ofrece un cuestionamiento pertinente ante este acto: ¿la fotografía aún requiere un fotógrafo o incluso de una cámara?, a mi consideración: naturalmente requiere de ambas, lo modificable son imágenes, mas no todo el cuajaron que implica el proceso fotográfico; lo rescatable de este acto, nos cause afinidad con ella o no, es que el acto por sí mismo se convierte en una fuente de posibilidad fotográfica.

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