Reflexión
de la influencia de los experimentos pre-cinematográficos en los diferentes
movimientos artísticos.
El
forje de la historia pre-cinematográfica ha encajado múltiples experimentos y
dispositivos (tales como el kinestocopio), marcadores de su época y conectores
de corrientes de pensamiento. La gama de influencias que arrastraron consigo desemboca
en variadas maneras de adquirir, tratar, distribuir y proyectar la imagen en su
ilusión de movimiento. La secuenciación de imágenes en película, fotografía o dibujo –según sea el
caso- se ha convertido en una poderosa herramienta discursiva de opinión, transitando
del registro de lo cotidiano, lo particular, de lo próximo del entorno, a las inquietantes
posturas experimentales que conllevaron a rupturas narrativas y de expresión en
el arte contemporáneo.
El desarrollo constante de
experimentos y dispositivos ofrece una variada captura y reproducción de imágenes
de lo visible, sin embargo, le han añadido una premisa que le ha
potencializado, es decir, la han temporalizado. Dicho carácter aventura a esa sensación
de haberle arrebatado un fragmento en tiempo real de lo suscitado al mundo en
el que se está incrustado. Pensar a los movimientos artísticos dados en la
historia, es pensar en las imágenes ofrecidas por ellos y naturalmente en los
medios mecánicos de reproducción que las posibilitaron en su observación, análisis
y pretensiosa alteración o modificación que el artista les realiza.
Cada periodo le ha añadió una lectura
contextual a sus imágenes, impregnándoles de una manera de hacerse que les
distinguiera, de una tecnología de procesamiento, pero más aún -a mi consideración-
la mayor influencia de los experimentos pre cinematográficos en los movimientos
artístico, fue el haberle brindado otra manera de tratar y distribuir la imagen.
A su vez, al receptor o espectador se le ha ofrecido una forma alterna de
percibir y experienciar imágenes de su mundo a partir de un carácter fenomenológico,
realista e imaginario.
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